Posteado por: terciocatolico | julio 16, 2008

La Política

Más allá de frases estereotipadas, la política es ante todo una vocación –oficio del alma– de servicio, ni más ni menos uno de los múltiples carismas con los que se renueva la faz de la tierra pero con la salvedad que el carisma político no tiene “reconocimiento” oficial. Y no lo tiene no porque nunca lo haya tenido, sino porque a partir de la ruptura abierta por Rousseau se han abandonado las líneas de pensamiento político, como en su día se abandonaron las del filosófico y el teológico, para confluir en una intersección imposible. No se puede rebatir el pensamiento idealista abandonando el tomismo para abrazarse desaforadamente a la fenomenología, por ejemplo. ¿A quién se le ocurriría teniendo rifles de repetición pelear con navajas en aras a un equiparamiento con el enemigo? Los combates hay que ir a ganarlos, con la propia caballerosidad del espíritu cristano, no a exhibir las dotes para el suicidio. Y de este modo, llegamos a la situación actual en que se confunde premeditadamente la política con la politiquería y al político con el politiquero y se llegan a decir barbaridades del tipo que no “existe una política específicamente cristiana” (Mons. Bruguès), y eso no es cierto. Lo que no existe es la elevación a dogma de una opinión temporal (como las distintas formas de gobierno), pero sí existen principios dogmáticos en los que basar esa opinión temporal y a los cuales no sólo no se debe contradecir sino que son la levadura para la restauración del orden social cristiano y la siembra de esa semilla es a la vez camino de santidad. Esa es la política. No es la libre adscripción partidista, es el encauzamiento de la opinión del orden de lo temporal dentro de los márgenes del dogma, es el servicio a la Soberanía social de Jesucristo.

Tan afanados como andan algunos intentando recuperar vocablos procedentes del acervo cristiano que son utilizados indebidamente, nos sorprende mucho que ante la política se haya abandonado toda lucha por la forma y el contenido. El político debe ser vocacional, pero esto sólo no basta. Es necesario que esa vocación sea vivida caminando por los veredas de la santidad, es necesario fortalecer en las virtudes ese oficio del alma en la comunión de personas que han sido tocados por el mismo carisma. Y eso no es hacer un partido confesional o aconfesional de defensa de “mínimos”, es mucho más, muchísimo más; es oración, es sacrifico, es servicio.

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